martes, 13 de noviembre de 2007

CLAVES EN EL BELLAS ARTES


El pasado miércoles 7 de Noviembre, se celebró en el Círculo de Bellas Artes de Madrid la penúltima de las representaciones musicales del ciclo Claves de acceso: La Música del siglo XX que a través de conciertos comentados, busca acercar al público de Madrid, obras características del siglo XX. Su interpretación está a cargo de los solistas del Plural Ensemble, una formación músical dinámica, prestigiosa y comprometida en la difusión e investigación de la música contemporánea. Participan además intérpretes invitados, y musicólogos, compositores o especialistas como ponentes. En el concierto que nos ocupa, la dirección de la formación de cámara estuvo a cargo de Cesáreo Costa, Alberto Rosado al piano y Juan Lucas como ponente imponentemente extenso en sus explicaciones. El programa abordó dos obras contemporáneas en su fecha de composición, similares en cuanto a su plantilla instrumental, pero muy distintas en lenguajes, objetivos y estilos: el Concertino (1925) de Leoš Janáček (1854-1928) y el Concierto para clave y cinco instrumentos (1926) de Manuel de Falla (1876-1946).

En la escena se dispuso la agrupación instrumental y su director, con el pianista a la izquierda, Juan Lucas a la derecha y una proyección fija de retratos y firmas de los compositores como fondo. La disertación comenzó con una depurada comparación de los autores en relación a las dos obras, para explicar después con un estilo algo ampuloso y quizás demasiado detalladamente las piezas con ejemplos musicales. El calificativo “una delicia” fue usado exhaustivamente para el Concertino y “magistral” para el Concierto para clave…… Después se interpretaría el repertorio. Desde el punto de vista pedagógico, puesto que se trata de “acercar” y dar “claves de acceso”, la metodología de la charla-concierto no pudo ser más acertada por su combinación de imágenes, sonido e información teórico-práctica. Ya encontramos "claves" a través de la proyección: En Janacek su letra es personal, con rasgos ascendentes. En su aspecto correcto se adivina improvisación; la mirada es espontánea, soñadora, pero incisiva, directa, recia y muy vital. Falla tiene una firma meticulosa, en línea recta y muy cuidada pero su mirada es nerviosa, esquiva y de honda soledad. Sus rasgos son afilados y finos, demuestran fragilidad emocional y una personalidad perfeccionista.

El Concertino para piano, dos violines, clarinete, trompa y fagot, fue compuesto en tan sólo unos meses y data de 1925, coincidiendo con los últimos años de la vida de Leoš Janáček y con una de las etapas más fértiles de este compositor tardío. Está escrito “como una diversión” e impresiona por la capacidad evocadora de emociones infantiles de un hombre de 71 años. El tema que lo inspira es la interacción del compositor con los animales del bosque. Ésto lo consigue musicalmente combinando este material con una escritura programática y descriptiva a cargo del piano y de instrumentos solistas en estilo concertante con un lenguaje tímbrico y armónico relacionado con las tendencias renovadoras de las primeras décadas del siglo XX europeo. Escuchamos cos de Debussy, Mussorgsky y Bela Bartok.

El Concierto para clave es una de las obras más vanguardistas y de mayor complejidad compositiva de Falla. Aunque estrenado en 1926, trabajó en él desde 1923. Compuesto para clave, flauta, oboe, clarinete, violín y violonchelo, e igual que en el caso anterior, todos ellos funcionan como instrumentos solistas. Está organizado en torno a la estructura típica en tres movimientos del concierto barroco: Rápido-Lento-Rápido (Allegro, Lento, Vivace). En cuanto a los criterios de interpretación utilizados, Falla mismo no da opción a la polémica. La inteligente interpretación al piano de Alberto Rosado (Salamanca 1970) y la explícita aclaración del autor al respecto, no impide sin embargo que se prefiera el clave como instrumento de tecla en esta obra. Por un lado la cronología del Concierto es coetánea a una etapa de reutilización y revivificación del clave como instrumento solista alrededor de la figura de Wanda Landovska que será quién estrene la obra en Barcelona. Ese interés comparte también la búsqueda común de fuentes de inspiración compositiva y tímbrica en el pasado y su redescubrimiento (Neoclasicismo). Se trata por tanto de un instrumento “antiguo” que evoca el pasado y en el caso del tercer movimiento del Concierto, se relaciona con la estética de Scarlatti por un lado y con los requiebros de la música popular española de cuerda pulsada, que no percutida, por otro. La elección de los instrumentos al igual que el tipo de escritura instrumental destinada a cada uno de ellos, está concebida de acuerdo con la sonoridad del clave; la articulación, características tímbricas, compositivas y estéticas de la partitura para teclado, están “pensadas” por tanto para ser interpretadas por un clave. Ahora bien, hay que también tener en cuenta que este clave de Falla es contemporáneo e influenciado quizás por el Octeto (1923) de Stravinsky, por Bartok (… éste por Falla…), o por la propia evolución organológica y capacidad expresiva del piano. Quiere ser distinto y asumir las características percusivas de este nuevo y amplio piano que ya se están explotando en otros ámbitos lingüísticos.

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