El día 19 de noviembre asistimos al último concierto que agotó el ciclo (comenzó el 5 de febrero) en el que el Círculo de Bellas Artes y la Sociedad Estatal de Commemoraciones, junto con Plural Ensemble, buscan acercar al público de Madrid algunas de las obras de cámara más importantes del siglo xx. Lo consiguen gracias a una dirección didáctica de la sesión mediante la presentación de la obra a cargo de especialistas de primer orden (en este caso Tomás Marco) con ejemplos musicales en vivo, concluyendo con la interpretación del programa completo. De este modo, la audición orientada inicial se completará con la experiencia estética de la obra, a fin de permitir su comprensión en profundidad de manera que resulte una experiencia satisfactoria.
En este día tuvimos la oportunidad tan sólo de disfrutar dos obras de Pierre Boulez, pero a mi juicio son suficientes en un primer acercamiento a este repertorio, pues enfocan muy bien la evolución de este compositor desde la Sonatina para flauta y piano hasta Dérive. Nos encontramos ante un compositor de un caracter autocrítico tal que le lleva a rehacer sus obras una y otra vez en busca de su perfección.
La Sonatina para flauta y piano es una pieza muy complicada. Consiste en una obra dodecafónica pero temática. Su serialismo estructural libre supone una mezcla de libertad y deliriro. Su semántica y su estructura general es muy parecida a la tradición francesa. Podemos destacar en ella la valoración del silencio, de las variaciones y de los contrastes de intensidad. Utiliza gran cantidad de artificios técnicos que se emplean como elementos articulatorios y tímbricos en sí mismos. En un momento de la pieza, el piano y la flauta dialogan en una especie de canon rítmico.
Dérive es original en cuanto a planteamiento, desarrollo y clima sonoro; y para poder apreciar todos estos aspectos es necesario escuchar cada sonido de manera analítica. Utiliza como recurso en esta obra la permutación de seis acordes con seis notas cada uno. Es una pieza aparentemente sencilla, que se basa en la homogeneidad, en la creación de diversidad en ella y en el fenómeno de las resonancias. Boulez justifica de manera lógica cada nota en función de la técnica utilizada y del efecto que quiere conseguir. Los sonidos se dan de forma compacta para independizarse a través de matices en cada uno, y esto se puede observar gráficamente. Pasa de serialismo temático a atematismo. Pretende romper con los finales que se sienten como tales, dando lugar a un fluir al que da un corte. De la disociación pasa a un conglomerado, y de aquí a un final interrumpido, suspendido.
martes, 20 de noviembre de 2007
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