Buenas intenciones
Crítica de Il Burbero di buon cuore, Teatro Real
Porfin una ópera española en el Real. tenemos que estar de celebración, no sólo por el décimo aniversario de la reapertura del gran teatro madrileño, sino por la recuperación de obras españolas que se están fiajndo en el repertorio operístico actual.
Escuchar esta ópera nos trae irremediablemente a la cabeza el recuerdo de Mozart y sus çoperas buffas en italiano.
Es lógico, pues estamos hablando de un compositor contemporáneo al genio de Salzburgo en tiempo y lugar, ya que ambos coincidieron en Viena. Y no nos tenemos que olvidar que comparten libretista, el genial Da Ponte, que tantos buenos momentos ha hecho pasar a la humanidad gracias a su trilogía mozartiana de las Bodas, Cosi y Don Giovanni.
Es lógico, pues estamos hablando de un compositor contemporáneo al genio de Salzburgo en tiempo y lugar, ya que ambos coincidieron en Viena. Y no nos tenemos que olvidar que comparten libretista, el genial Da Ponte, que tantos buenos momentos ha hecho pasar a la humanidad gracias a su trilogía mozartiana de las Bodas, Cosi y Don Giovanni.
Con un gran elenco de jóvenes cantantes y la presencia del gran bajo buffo Carlos Chausson nos sumergimos en una trama chispeante y realmente cómica, entendible por todos los públicos, amable y de gran humanidad. Gracias también a una escenografía bastante sencilla pero muy efectiva que nos ponía en situación rápidamente y que sin grandes ostentaciones, nos mete de lleno en la trama. La escenografía se la debemosa Irina Brook ,hija del gran Peter Brook (una de las figuras claves en el teatro moderno).
La orquesta, la gran Sinfónica de Madrid, una de las orquestas más en forma de nuestro país tuvo un papel más bien discreto, con fallos puntuales en determinadas secciones y una ligera descordinación al acompañar algunas arias de los cantantes. Pero no hay que olvidar que esta era una partitura hecha a medida de los cantantes, que supieron meterse al público en el bolsillo por su buen hacer. Buen hacer que estuvo apoyado por una gran interpretación vocal, ágil y con fuerza, además de una interpretación actoral digna de las mejores obras de teatro. Gracias a sus gestos, sus sonrisas, sus carreras por el escenario te metías de lleno en la trama, dejando casi a un lado la parte musical.
No hay que olvidar que en su momento, el valenciano Martín y Soler fue más conocido en Viena que el mismísimo Mozart, y que posiblemente tuvieron un encuentro en la capital de la música europea. El libreto de Da Ponte, basado en la historia de Goldoni, es de gran calidad y desborda inteligencia por los cuatro costados, sin andarle a la zaga en ningún momento a las obras que hizo junto a Mozart.
Gracias a producciones tan agraciadas como ésta el público está acudiendo en masa a celebrar el décimo aniversario de la reapertura de nuestro querido Teatro Real. No debemos olvidar que a la vez que esta ópera se estaba produciendo, se representaba la ópera de cámara del genial Benjamin Britten “la violación de Lucrecia” en formato de cámara con un gran elenco de cantantes y el buen hacer de Paul Goodwind en la direccioón, suponiendo un doble esfuerzo en la organización del teatro por tener una doble plantilla de músicos y preparar las obras simultáneamente
. En resumen, nos encontramos con un título que ha merecido la pena rescatar de un injusto anonimato y que demuestra el peso específico que tenían entonces los compositores españoles, en su momento más conocidos que el genial Mozart, pero que por dictámenes de modas, se dejaron de programar y cayeron en una época de oscuridad. Gracias a las iniciativas de organismos como el ICCMU podemos disfrutar nuevamente de la sabiduría de estos “otros “ grandes de la música.
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