martes, 11 de diciembre de 2007

Cuarto concierto del Ciclo noviembre 2007, Bartók, Música de Cámara, Fundación Juan March

Cuarto concierto del Ciclo noviembre 2007, Bartók, Música de Cámara, Fundación Juan March.


El miércoles 28 de noviembre de 2007 tuvo lugar el cuarto y último concierto del Ciclo noviembre 2007, Bartók, Música de Cámara, celebrado en la sede de la Fundación Juan March en Madrid.
Integrado por cuatro obras pianísticas en la primera parte y por la Sonata para dos pianos y percusión, Sz. 110, en la segunda, los intérpretes encargados de la traducción de las mismas fueron los pianistas Ana Guijarro y Sebastián Mariné y los percusionistas Juanjo Guillem y Juanjo Rubio.
Ana Guijarro dio comienzo al concierto con la interpretación de Seis Danzas populares rumanas, Sz. 56, obra que Bela Bartók (1881-1945) compuso en 1915 y que constituye una suite de seis piezas que la pianista caracterizó de manera idónea permitiendo que se percibiera la pretensión bartokiana de un progresivo crescendo agógico y dinámico. Continuó la intérprete madrileña con la Suite, Op. 14, Sz. 62, compuesta en 1916 y conformada por cuatro piezas contrastantes, Allegro, Scherzo, Toccata y Lento, en las que el compositor conjuga perfectamente una estructura formal equilibrada con una música siempre atractiva, incluyendo el Scherzo un acontecimiento importante ya que antes de la creación del dodecafonismo Bartók investiga una gran variedad de combinaciones posibles de una serie de diez notas.
15 Cantos campesinos húngaros, Sz. 71, fue escrita entre 1914 y 1918 fruto de la concienzuda investigación de Bartók que, junto con Zoltan Kodaly, recogió una enorme cantidad de canciones y danzas campesinas en diversos trabajos de campo sobre el folklore húngaro, tarea que le proporcionó un conocimiento profundo del folklore de su país permitiéndole emplearlo en sus composiciones. El pianista Sebastián Mariné interpretó esta obra de manera verdaderamente excelente consiguiendo que la exquisita belleza que encierra fluyera con una riquísima naturalidad. La última obra de la primera parte fue el Allegro bárbaro, Sz. 49, escrita en 1911 con estructura tripartita y con un tratamiento del piano como instrumento de percusión, obra que cerró de manera brillante la primera parte y en la que nuevamente fascinó la dicción del intérprete.
La segunda parte del concierto estuvo dedicada como ya se ha referido a la Sonata para dos pianos y percusión, Sz. 110, obra compuesta en 1937 a propósito de un encargo de la sección de Basilea de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea en su décimo aniversario y cuyo estreno se celebró en dicha ciudad en enero de 1938 con el compositor y su mujer Ditta Pasztory a los pianos, y Fritz Schiesser y Philipp Rühlig en la percusión. En esta original y excepcional obra Bartók establece una relación de complementariedad entre los grupos y un sistema armónico de ejes a partir del tritono, intervalo más característico de su escritura, así como una estructura formal basada continuamente en la proporción de la sección áurea. Bartók emplea aspectos percusivos de los pianos conjuntamente con timbales, bombo, cajas, platos suspendidos y chocados, tam-tam, triángulo y xilófono, siendo oportuno señalar la magnífica interpretación que destacó precisamente por un cuidado sentido de la proporción en todos los aspectos.
Cabe concluir elogiando una vez más a los intérpretes y, cómo no, la música de Bartók, que constituye una producción cuya expresividad sobresale, combinando una escritura cromática con cierto sentido diatónico y modal, y siendo capaz de servirse de lo popular sin necesidad de citas concretas y siempre alcanzando conclusiones nuevas.

Alejandro López Márquez

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