viernes, 9 de noviembre de 2007

Segundo Concierto Lírico en la Zarzuela

Obras de Guridi, Fernández Caballero, Moreno Torroba, Sorozábal, Arrieta, Penella, Chueca, Chapí, Guerrero, etc. A.M.Sánchez, S.de Munck, C.Moreno, J.J.Rodríguez. Orquesta de la Comunidad de Madrid y Coro del teatro de la Zarzuela. M.Roa, director. Teatro de la Zarzuela.

Madrid, 7 de noviembre de 2007

Enrique Mejías García

Este año la temporada lírica de la Zarzuela se ha adelantado unas semanas para empezar ofreciendo al público unos suculentos y atractivos conciertos líricos bajo el denominativo “I Ciclo de Conciertos de Zarzuela”. Celebramos el acontecimiento aunque se vuelve a perder la oportunidad de recuperar y grabar bajo este formato títulos en el olvido que quizás no tenga mucho sentido recatar en su versión escénica.

El segundo concierto de este primer ciclo ha resultado un completo éxito para los artistas y para el género. Con el apoteósico precedente de José Bros del pasado día 3 –concierto de un divo, concierto de una voz-, triunfaron sobre el escenario de la calle Jovellanos cuatro artistas que supieron imprimir a cada una de sus romanzas y correspondientes dúos un estilo único de resultado impecable en todos los casos e inolvidable, con punto y a parte, para la siempre genial Ana María Sánchez.

Se agradece que no se caiga en lo de siempre; que un concierto vaya más allá del hecho de lucir unas cuentas voces obviando cualquier interés en el repertorio escogido para diseñar el programa. Esta vez, a diferencia del –si nos lo permiten- aburrido y repetitivo concierto de Bros, no ha sido así. En un mismo concierto hemos podido escuchar fragmentos de El Gato Montés, El barquillero, Château Margaux o El barbero de Sevilla junto a páginas clásicas de Luisa Fernanda, El caserío o La tabernera del puerto. En el justo medio se ha encontrado el equilibrio perfecto para interesar al público no sólo por quienes cantaban, sino también por lo que se cantaba.

Juan Jesús Rodríguez, barítono, y Carlos Moreno, tenor, fueron muy aplaudidos en sus números solistas y brillaron con luz propia en el dúo-brindis de Marina que tuvieron que bisar. Sonia de Munck, elegante y bellísima, delineó con precisión, simpatía y complicidad el vals de la borrachera de Château Margaux y se lució de lindo en la polonesa “Me llaman la primorosa”. Pero si hubo una triunfadora en la noche esa fue Ana María Sánchez. La soprano alicantina en sus dos dúos pero, especialmente, en sus romanzas de Gigantes y cabezudos y El barquillero arrancó al público las más sonoras ovaciones y puede que más de una lágrima. Delineó con genialidad cada frase, supo colorear con la ajustada precisión de una maestra cada uno de los afectos escondidos en tan exquisitas piezas. Bravo por ella, bravo por los cuatro y bravo por la zarzuela.

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