martes, 6 de noviembre de 2007

La crítica musical: lo bueno, lo malo, y los feos - la controversia sobre el trabajo de los críticos musicales; Desde Borinquen - TT: Musical criticis

A veces se les quiere, a veces se les odia. Algunos son influyentes y otros son ignorados. Para algunas personas su trabajo no es de mayor utilidad y para otros, contribuyen positivamente al desarrollo del arte. Nos referimos a los críticos musicales, seres mortales que suelen ser objetos de múltiples controversias.
Por lo general, la función del crítico musical no está avalada por un diploma universitario ni se exige algún tipo de examen oficial que lo acredite como persona idónea para ejercer dicha función. De hecho, en alguna forma todos los amantes de la música realizamos parcialmente la labor de "críticos" cuando tenemos alguna opinión al escuchar un disco, al asistir a conciertos o al tener noticias sobre algún músico. La diferencia es que algunos tienen la oportunidad de expresarse a través de los medios de comunicación pública y otros simplemente hacen sus comentarios entre amigos, si se les dá la oportunidad.
¿Quién es quién en la función de la crítica musical? El reconocimiento o valor de un crítico es algo que confiere la audiencia a base de varios criterios: el conocimiento del crítico sobre el tema, por cuánto tiempo ha ejercido el papel de crítico, el nivel de prestigio del medio utilizado para expresar sus comentarios, cuánto coincide la información ofrecida con los intereses de la audiencia y en muchos casos, se tiende a valorar más al crítico que usualmente opina igual que sus lectores.

¿Por qué son suceptibles a las controversias? Cuando un crítico musical se expresa, su opinión llega a varios sectores de la industria que tienen diferentes intereses y diversos niveles de conocimiento. Las disqueras, los músicos, los productores y los fanáticos son parte esencial de este engranaje. Cada uno con una perspectiva distinta de percibir la música. Esta puede verse como arte, como un lucrativo artículo de consumo o simplemente como un medio de entretenimiento. Es por eso que una opinión sobre un artista, disco o presentación puede caer bien en unos sectores y en otros no.
Por otro lado, hay que tener presente que ningún crítico es dueño de la verdad absoluta. Tratándose de música popular, una manifestación del arte que usualmente tiene su origen en el pueblo, son pocas las reglas que se pueden aplicar para decidir qué es correcto hacer o incorrecto en la interpretación de una pieza. Existe una vasta dimensión de apreciación subjetiva que varía de persona en persona. Por eso, como dice Rubén Blades, "Lo que a ti te parece bonito, para otros es una porquería". Sín embargo, esta situación no invalida el trabajo de un buen crítico quien, se supone, ha desarrollado destrezas de apreciación musical superiores a cualquier ciudadano común.
¿Cuál debería ser el papel del crítico? En la revista JazzTimes de septiembre de 1994 aparece un artículo citando a varios redactores que se dedican a la crítica musical a través de prestigiosas publicaciones especializadas. Citando algunos de ellos encontramos las siguientes opiniones: Bob Blumenthal dice que la función del crítico es lograr que la gente ponga más atención a lo que escucha y pueda crearse su propia opinión. Kevin Whitehead ve la función del crítico como una de orientación que le permita al público tener una visión de la industria discográfica que le beneficie a la hora de comprar discos.
Por otra parte, en la publicación colombiana "91.9 La Revista que Suena" de mayo/junio de 1997, el profesor Hernando Bernal Martínez define el papel del crítico del siguiente modo: "El crítico tiene, indudablemente, unas responsabilidades en su rol como comunicador. Si el medio en el cual se realiza el comentario es de gran influencia en el público, debe tener un alto grado de ecuanimidad en sus apreciaciones; además, se supone que al comentar un evento o el lanzamiento de un trabajo musical, debe estar bien informado sobre el material que pretende analizar".
Bernal Martínez advierte sobre las posibles influencias de varios sectores de la industria para tratar de congraciarse con el crítico y lograr de éste comentarios favorables. "Ante esta situación", añade, "la única posibilidad de desempeñar (el crítico), apropiadamente su función social es asumiéndola éticamente ignorando todas las presiones como las prebendas. Si algo no es bueno tiene el deber de expresarlo, puntualizando claramente los fallos. Otra alternativa, más diplomática", aclara el profesor, "es no escribir mucho sobre ello. Lo importante es respetar tanto como sea posible el trabajo musical, si éste existe, y sobre todo, estar seguro de que su opinión es legítima", termina diciendo.

LO BUENO

Las opiniones citadas apuntan a una labor de información y orientación pública presumiendo que un gran sector de los consumidores de la música es influido por las estrategias de mercadeo que rigen la industria. Estrategias que no siempre van a la par con la calidad y el desarrollo del arte. Creemos que esta labor de orientación debe estar acompañada de principios éticos que determinen lo qué es correcto e incorrecto a la hora de asumir el papel de crítico musical. Para ello, hay que tener claro qué es lo que se pretende lograr con las críticas y en el mejor de los casos, entender que escribir para los medios de comunicación demanda un alto sentido de responsabilidad social. En otras palabras, el crítico debe aportar positivamente a la busqueda de información y alternativas que beneficien a su público. Además, sus comentarios deben estar en armonía con su conciencia sabiendo que se hace todo lo posible por ser justo y objetivo. Dicho de otro modo, ser legítimo.


Cualquiera puede aspirar a ser crítico. Pero ser buen crítico musical demanda ciertas destrezas que no se consiguen simplemente por tener la oportunidad de expresarse públicamente en un medio. La mejor herramienta para hacer el trabajo de forma eficiente es conocer a fondo los siguientes aspectos: la historia, el nivel de evolución y situación actual del tipo de música a considerar. Conocer las características propias del género, el nivel de talento de sus intérpretes a través del tiempo y las estrategias de difusión y mercadeo de la industria. Por supuesto, es imprescindible la práctica continua de escuchar con atención, con oído crítico y luego, volver a escuchar.

LO MALO

El crítico no debe temer a la controversia siempre y cuando ésta surja por motivos legítimos ajenos a sus intereses personales. Y aquí llamamos la atención al enemigo principal del crítico musical: el crítico mismo. ¿Hasta qué punto se puede ser imparcial y justo evitando que los motivos de índole personal afecten el trabajo? En el artículo citado antes en la revista JazzTimes, un músico anónimo hace una interesante clasificación de los críticos musicales. Según este artista, algunos críticos, además de informar, buscan constantemente mostrarle al público cuánto saben y en algunos casos, muestran sus frustraciones y complejos psicológicos.
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Los siguientes ejemplos intentan clasificar a los críticos cuyos comentarios pudieran estar cargados de actitudes y situaciones personales ajenas a la música. Los primeros dos ejemplos aparecen en el artículo citado. Los otros, están basados en las observaciones del que suscribe. Cualquier parecido con algún crítico o comentarista que usted conozca, es pura coincidencia.

LOS FEOS

1. El músico. Aquel sin conocimientos de teoría y composición musical se aventura a opinar sobre los aspectos técnicos de una escala o acordes. Por lo general, además de crítico es un músico frustrado.
2. El coleccionista. Aquel que tiene todos los discos que le faltan al músico y pretende que el artista sepa todas las versiones de una pieza que se han grabado antes.
3. El poderoso. Aquel que siente que, por su influencia en la opinión pública, puede sacar de carrera a un músico que no le cae bien porque ese músico protestó la reseña de un disco o concierto en particular.
4. El boxeador. Aquel que utiliza la prensa como cuadrilatero para su guerra con algún músico, disquera o productor. En este caso, la guerra es más por asuntos de índole personal que musicales.
5. El promotor. Aquel que se casa con los favores y atenciones de las disqueras y productores, convirtiéndose en un vehículo de promoción y relaciones públicas de sus benefactores.
6. El rencoroso. Aquel que resalta lo negativo de un espectáculo porque no le regalaron los boletos de entrada al mismo.
7. El descuidado. Aquel que comete errores al publicar datos específicos, por no gastar tiempo en una investigación adecuada.
8. El generalista. Aquel que se aventura a criticar discos y conciertos de diferentes géneros musicales sin conocer a fondo lo que ve y escucha.
9. El atrasado. Aquel que no acepta que la música evoluciona y todo lo contemporáneo le parece inadecuado, malo e inútil. Este sirve más para embalsamar y preservar momias, que para criticar.
10. El enciclopédico. Aquel que gusta de mostrar cuánto sabe utilizando un vocabulario muy técnico y rebuscado. Por lo general, también hace alarde de sus conocimientos sobre fechas, nombres y discos desconocidos por la audiencia, sin brindar más detalles al respecto.
11. El amigo. Aquel que no se atreve a publicar ciertas verdades por temor a perder la amistad con diferentes sectores de la industria.
12. El parcializado. Aquel que tiene vínculos comerciales con músicos o disqueras y se dedica a recomendar y hablar siempre bien de los suyos. También se conoce como "El vendedor."
13. El regionalista. Aquel que cree que los únicos músicos buenos son los de su país o los de su género musical preferido.
14. El chismoso. Aquel que insiste en resaltar aspectos de la vida íntima y privada del artista relegando la música a un segundo plano.

Lamentablemente, estas características pueden señalarse entre algunos de los críticos de la prensa musical en todo el mundo. Por fortuna, otros cumplen adecuadamente con su labor. Sin embargo, como lectores debemos estar alertas y percibir entre líneas las verdaderas motivaciones y objetivos de los críticos que diariamente intentan influir en la opinión pública. Por supuesto, usted debe siempre comparar su opinión con las opiniones externas. Nunca olvide que usted también tiene derecho a criticar y que nadie puede escuchar la música como usted la percíbe.
Creemos que la labor de la crítica musical es un asunto de responsabilidad social que debe estar divorciada de motivaciones personales y acompañada de las destrezas y conocimientos adecuados. Esta debe estar al servicio del arte para difundirlo, adelantarlo y defenderlo. Además de orientar, debe responder al derecho a la información que tiene la sociedad. La crítica musical es discriminar, en el mejor sentido de la palabra, para contribuir a los mejores intereses del consumidor y el arte. En la medida que esto se logre, la crítica musical es útil.

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